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Se entrega la cuadragésima edición del Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí

Que uno de los premios más antiguos del INBA tenga sede en San Luis Potosí, nos general Orgullo por lo tuyo: XATA
Soy escritor porque escribo: José Miguel Tomasena, ganador.

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Este miércoles 4 de diciembre se entregó el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí, en su cuadragésima edición al escritor, editor y profesor universitario José Miguel Tomasena; lo anterior en la sede tradicional de este premio, el Museo Francisco Cossío.

El premio de cien mil pesos, fue entregado de manos del Ing. Xavier Alejandro Torres Arpi, Secretario de Cultura y de Stacia de la Garza Batorska, Coordinadora Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes; quienes estuvieron acompañados de Xaviera Acosta Esquivel, Directora del Museo Francisco Cossío y de Juan Carlos Díaz Medrano, Director General de Desarrollo Cultural.

En el evento, Xaviera Acosta dio la bienvenida y leyó el acta del jurado en la cual se asentó que el ganador del premio de cuento era el trabajo titulado ¿Quién se acuerdo del polvo de la casa de Hemingway? Firmado con el seudónimo Rafa Pox, por tener una voz muy especial y alejada de lo profundas y accesibles, y por la solidez de su propuesta, en la que las diferentes historias se conectan de diversas maneras y hay una visión global y atrevida de la literatura y del mundo de sus personajes.

Por su parte Stacia de la Garza recordó la historia de los Premios Nacional Bellas Artes de Literatura, los cuales dijo, “son una medida cabal de la evolución de la literatura mexicana”. Señaló que el premio de cuento San Luis Potosí, surgió en 1974, año en que los miembros del jurado fueron Juan Rulfo, Juan de la Cabada y Miguel Donoso.

En su mensaje Xavier Torres Arpi, señaló la importancia de que San Luis Potosí tuviera uno de los premios nacionales de literatura más antiguos, eso señaló “es un claro ejemplo del Orgullo por lo Tuyo, ya que San Luis es pionero en varios aspectos. Así mismo felicitó a José Miguel Tomasena por ganar esta edición del premio.

La entrega del premio de cuento estuvo acompañada de la intervención musical del joven Alexis Daniel Medina Montes, alumno de guitarra clásica de la Escuela de Iniciación Musical Julián Carrillo.

Por su parte el ganador brindó un sentido mensaje, el cuál por su relevancia se comparte en su totalidad:

Gracias al INBA y a la Secretaría de cultura de San Luis Potosí. Gracias también a Bernardo Esquinca, Alberto Chimal y Armando Vega-Gil, escritores a los que admiro, por haber juzgado mi trabajo y por haber escrito palabras tan gentiles sobre mi libro.

Dice Enrique Vila-Matas que cuando era joven, vio a André Malraux y dijo: yo quiero ser escritor. El problema era que, para ser escritor, había que escribir. Después descubrió que no bastaba con escribir, sino que había que escribir muy bien. Y más tarde, que entre escribir muy bien y ser Kafka o Borges, había un abismo.

Me gusta pensar en este texto de Vila-Matas para situar este premio en perspectiva. Es cierto que por primera vez hay un motivo sólido en mi curriculum para que yo pueda recibir el título de escritor, como ya soy periodista, profesor o papá.

Durante los últimos seis años, he procurado-con mayor o menor éxito, según la temporada-levantarme temprano y escribir. En cafeterías o en mi estudio: en papel o en computadora, me he dedicado a ordenar palabras, frases, párrafos, durante una hora y media, antes de trabajar como editor y maestro universitario (Así que debería agradecer en primer término a Alicia, mi esposa, que ha tenido que padecer los timbrazos de mi despertador).

En el hábito de la escritura he encontrado una satisfacción enorme, que me ha enseñado a mirar de otro modo, a elegir las palabras, a descubrir detalles que no era capaz de percibir, a descubrirme a través de las criaturas que invento.

Soy escritor porque escribo. No por los premio, ni por los cheques, ni porque eventualmente mi nombre aparezca en la portada de un libro. Soy escritor porque realizo un acto cotidiano, que consiste en ordenar palabras, frases, párrafos, como lo realizaron cientos de colegas que enviaron manuscritos a este concurso y que no ganaron.

Quiero detenerme en este hecho, que me parece milagroso, revolucionario, porque obedece a una lógica que rebasa la literatura y que me parece central para este país. Me refiero al hecho de que miles, millones de personas, dediquemos nuestro tiempo, nuestra vida, a actividades que nos apasionan, robándole tiempo al tiempo.

Algunos escribimos, leemos; otros rescatan perros, coleccionan timbres postales, juegan Magic, se disfrazan como personajes de Star Wars, enchulan sus coches, hacen grafitis, programan software libre, organizan paseos en bici, trabajan como voluntarios en hospitales, parroquias, ONG’S, forman grupos de rock de cochera que suenan espantoso, corren en el parque, juegan futbol, suben video-tutoriales a Youtube, hacen huertos urbanos, reparten la comunión, militan en organizaciones políticas que nunca ganarán nada, dibujan comics, organizan fiestas patronales, hacen tortas para los migrantes, escalan montañas, bordan por la paz.

Nadie nos paga. Nadie nos obliga. No esperamos más recompensa que la satisfacción de hacerlo. Lo hacemos porque nos gusta, porque nos late, porque sí.

Cuando actuamos de este modo, porque sí, trascendemos las obligaciones morales, las imposiciones del mercado, las penurias del trabajo asalariado.

Cuando actuamos así, somos libres.

¿Será que nuestra tragedia nacional, tapizada de cadáveres y fosas clandestinas, niños sicarios, colgados, encajuelados, levantados, decapitados, desaparecidos, enajenados en maquiladoras de luces siniestras, tiene que ver con la imposibilidad de construir un país en el que la gente pueda hacer lo que le gusta, y al hacerlo, ser quien quiere ser?

Siempre estaré agradecido con mis primeros lectores, los que leyeron estos y otros textos en sus fases embrionarias. Nadie les pagó, nadie los obligó. Lo hicieron porque sí, porque me aprecian, porque quisieron: Carlos Postlethwaite, Víctor Ortiz Partida, Lizeth Arámbula, Antonio Ortuño, Janny Amaya, Tomás Blanco, mis hermanos Pablo y Andrea, y por supuesto, Alicia mi esposa.

Espero que todo lo que venga para mi después de este premio me permita encontrarme con otros hombres y mujeres libres que se dedican a hacer lo que en el fondo me gusta más: leer. He trabajado en soledad durante muchos años. Es tiempo de que mis cuentos viajen, sigan su curso, se encuentren con sus lectores. Muchas gracias.”

 

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