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San Luis paranormal: Centinela de ultratumba en el cuartel militar

Hace unos días estuve platicando con mi primo Ricardo, está contento porque empezó su servicio militar en el cuartel, dice que está aprendiendo muchas cosas pero que, sobre todo, está tomando un alto grado de responsabilidad, de esa que se le debe dar incondicionalmente a la patria para ser buenos hijos de la nación, su discurso ya no es el del mismo muchacho irresponsable que conocía hace unos meses.

Con evidente emoción me contó que hay una disciplina muy fuerte, que, entre tantas lecciones hay una que lo impactó; servir a la patria hasta la muerte. Me dijo también que esta frase se le pegó por una especie de leyenda que cuentan entre los cadetes, no sabe si es nada más para asustarlos o si fue real pero, cuando me la contó, fue capaz de helarme la sangre y pensar en el horror que debe sentir aquel desdichado que tuviera la mala suerte de vivirla en carne propia. Ricardo repitió la historia completa con gran detalle…

Dice que todo ocurrió hace muchos años, por la época de la revolución o quizás antes. Hubo un cadete, un elemento que no tenía mucho tiempo de haber ingresado, le habían asignado la tarea de centinela, un cargo que consideraba de suma importancia pues sentía la responsabilidad de vigilar y alertar la posible llegada de una amenaza, de él dependía que la respuesta fuera inmediata y que el enemigo, quien fuera, no tomara por sorpresa al cuartel.

Sus amigos lo llamaban Pepe y reconocían en él grandes virtudes de servicio y humanidad; era comprometido con su trabajo y responsable con todo lo que hacía, sin embargo, debido a los constantes recorridos que hacía durante las noches frías, un día enfermó de una enfermedad que no supieron identificar y que lo tenía totalmente inhabilitado pero insistía en cumplir con sus obligaciones y vigilar el cuartel.

En de tantas noches de agonía, Pepe enfrentó su peor crisis de salud. La temperatura lo hacía delirar y doblarse de dolor sobre las viejas cobijas que lo abrigaban. En medio de su agonía y en un descuido de sus compañeros, Pepe salió del dormitorio y se dirigió a la entrada principal para cumplir con sus deberes; las fuertes y gélidas rachas de frío azotaron su cuerpo ya de por sí debilitado hasta derribarlo… el cuerpo sin vida del centinela quedó apenas recargado de la puerta, frío y tieso, seguía cumpliendo con su deber.

Sin embargo la misión de Pepe no terminó ahí, tiempo después, varios de los que fueron sus compañeros aseguraban que lo veían recorrer los patios o parado junto al portón, siempre atento y vigilante. Incluso, en las noches, cuando el centinela en turno se encontraba solo, en la distancia veían que alguien lo acompañaba de cerca pero al acercarse desaparecía sin dejar rastro alguno.

Los cadetes dicen que alguien de ultratumba cuida las instalaciones del cuartel y que, aún ahora, suelen ver a un joven que camina como perdido desde el patio central, atraviesa la puerta de la entrada y sigue su camino como rumbo a la Calzada de Guadalupe, nadie ha podido ubicarlo pero todos creen que se trata de Pepe que sigue cumpliendo con sus obligaciones aún después de su muerte.

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