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San Luis paranormal: El sereno del Barrio de Tlaxcala

Por allá de los primeros años en que apenas comenzaban a formarse los primeros asentamientos en la capital potosina y se fueron agrupando para formar lo que ahora conocemos como los barrios, la gente acostumbraba organizarse para vigilar las calles de noche y detectar, de esta manera, la posible comisión de algún delito como el robo de ganado o el asalto a alguna vivienda. Todas las noches, hombres salían a recorrer las calles de manera continua cargando consigo un viejo quinqué que alimentaban con aceite, estos antiguos vigilantes recibían el nombre de El Sereno.

La colaboración era muy grande, había un compromiso serio de los vecinos para vigilar y procurar que todas las cosas estuvieran en orden además de que todos estaban hartos de los robos que se daban de manera continua. Durante toda la noche, sin importar las condiciones del clima, la vigila debía realizarse, no sólo por ellos, sino por sus vecinos, amigos y familiares de modo que cada vez que detectaban algún peligro hacían sonar su silbato para que la gente del vecindario acudiera en su auxilio.

Esa noche le tocó la guardia a Alejo, un joven esposo que se encontraba en espera de su primer hijo. Se despidió de su esposa y comenzó a recorrer las calles llevando en su mano la diminuta linterna, el silbato colgado al cuello junto con un crucifijo y en la mano un garrote. Llegó al templo, caminó hasta el jardín y todo parecía estar en orden. Decidió ir un poco más allá.

En la penumbra de la calle, su quinqué no fue suficiente para percatarse del caballo que estaba unos metros más adelante al que se acercó sin cuidado alguno. El animal reaccionó con vehemencia, sorprendiendo al joven vigilante quien, de la impresión cayó al suelo golpeándose la cabeza con una roca de buen tamaño en donde los niños se reunían todas las tardes.

Alejo ya no pudo levantarse y el aire le fue insuficiente para activar su silbato, agonizaba lentamente sin que nadie pudiera ayudarlo. A punto de perder la vida, apareció ante él un horroroso demonio que se burlaba de su desgracia. El desdichado Alejo intentó ahuyentarlo mostrando el crucifijo que cargaba consigo pero con ello sólo desató la ira del demonio que, a su antojo, aumentaba y disminuía el dolor del joven sereno.

El terrible ente infernal aprovechó la ocasión para ofrecerle un trato a Alejo; ¿Quieres volver con tu mujer y estar con tu hijo cuando nazca? Dame tu alma y tendrás eso y mucho más. Alejo no aceptó, apretando su crucifijo comenzó a rezar, ignorando al demonio que enfureció todavía más. Apenas había iniciado el Padre Nuestro cuando el demonio lanzó su maldición; Te condeno a vagar por siempre, a que tu alma pene hasta la eternidad, hasta el final de los tiempos. Acto seguido desapareció.

La noche avanzó, Alejo no pudo continuar con su labor. Apenas llegó la mañana y una enorme conmoción se hizo en ese lugar. Como si hubiese tenido muchos días de haber muerto, el cuerpo de Alejo estaba consumido y en su rostro se dibujaba una terrible mueca de dolor, de miedo y de agonía. Un rostro que a muchos les fue imposible olvidar. La gente concluyó que había sido un accidente y en eso quedó aquel trágico suceso.

Los años pasaron y los rondines de vigilancia continuaron pero cada vez era más el número serenos que aseguraban ver a un hombre que los seguía por varias calles. Decían que al verlo sentían un escalofrío terrible y aquellos que tenían mejor memoria, aseguraban que ese hombre misterioso no era otro más que el mismísimo Alejo, el sereno que una mañana fue encontrado muerto.

Todavía en la actualidad, hay gente que dice ver a ese cadavérico sereno. Lo describen igual, como un hombre de no más de 30 años pero con un gesto que se debate entre la pena y el horror. Algunas personas dicen que es cerca del jardín, otros que es junto al templo, algunos más se acercan a la Av. 20 de noviembre pero todos coinciden en que provoca un inmenso terror su simple presencia, ese sereno que vaga desde hace muchos años y que sigue sin encontrar paz por negarse a venderle su alma al diablo.

Foto vía By Catedrales e Iglesias

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