Metrópoli

Galería: Solitario Cofrade realiza procesión pidiendo por médicos y enfermeras

Por primera vez en su historia la Procesión del Silencio de San Luis Potosí fue cancelada debido a la contingencia sanitaria del COVID-19.

Esta tradición religiosa la cual se  inició en el año de 1954 por los padres carmelitas y en devoción a la virgen de la Soledad,  adoptó  como modelo la Procesión que se realiza en Sevilla, España. Con los años fue incrementando el número de participantes al igual que la cantidad de personas que  acudían a verla hasta que alcanzó una importancia tal que es considerado uno de los eventos religiosos con atractivo turístico más importantes de México.

Sin embargo este pasado  viernes santo, ningún tambor redobló, ninguna saeta o trompeta alguna se escucharon, la explanada del Templo del Carmen estaba casi por completo en silencio, pues aún se escuchaban risas y platicas   de algunas familias o parejas en la calle pérdidas en las plazas.

De este templo del Carmen  partió un misterioso cofrade, el cual vestía colores rojo y amarillo, traía guantes de látex y  un cubrebocas ,  cargando además una cruz de madera la cual tenía  colgado un estetoscopio rojo.

El cofrade inició su procesión desde la iglesia,   atravesó toda la plaza y en el pasaje de Manuel José Othón fue donde lo encontré. Junto  él venían 2 fotógrafos, por lo que  creí que se trataba de un performance.

Me acerque a ellos para preguntar  sobre de que se trataba la solitaria procesión, pero ellos me respondieron que ninguno de los dos le conocía y ni sabían de qué trataba, así que con las fotos que tomé no me podía conformar, necesitaba saber más y le seguí.

Algunos oficiales de la Policía Municipal le tomaron fotos, pero no decidieron saber más y sólo vieron su pasar por un costado de Catedral.

El cofrade atravesó Plaza de Armas y tomando la calle  de Ignacio Aldama se dirigió hacia el sur hasta llegar  el Jardín Guerrero. Frente al Templo de San Francisco, se detuvo, y en un acto solemne se quedó parado por un tiempo. No emitía sonido alguno, pero todos sabíamos que se encontraba orando, relegándose con Dios. Sin inmutarse por los fotógrafos que le rodeábamos, abandonó su plegaría y prosiguió su camino de nuevo hacía la  Plaza de las Armas por la misma calle por donde vino.

Pasando frente a Palacio de Gobierno, los oficiales que custodian ese edificio le miraron sorprendidos, pero sólo se limitaron a tomarle unas fotografías para recordar la anécdota.

El cofrade avanzó por la parte norte de la plaza, llegando hasta la Catedral Potosina, donde nuevamente se detuvo frente a la puerta y permaneció así por varios segundos.

En esto punto el cofrade ya se había vuelto un espectáculo, decenas de personas se detuvieron para fotografiarlo o videograbarlo, turistas y locales murmuraban, pero nadie se podía explicar que pasaba, porque ese cofrade en soledad hacía esto y cargando en la cruz un estetoscopio.

El misterioso hombre de amarillo y rojo prosiguió su ruta de regreso al Templo del Carmen por Manuel José Othón, y al llegar a la explanada de la Plaza del Carmen, una camioneta blindada color negro, la cual evidentemente  traía a bordo  algún funcionario o empresario, detuvo su marcha y hasta el tráfico, junto  el sequito que traía para protegerle. Por un relativo largo tiempo,  admiraron al fantasma amarillo atravesar la Plaza del Carmen, desde la distancia y la soberbia.

Otros oficiales que se encontraban afuera de la Gran Logia del Potosí, ni se acercaron para fotografiarlo como lo hicieron sus primeros compañeros, desde lejos le grabaron y mandaron reporte por radio. Ahora  poca gente de la Plaza del Carmen notó su presencia; todos se encontraban en sus propios asuntos como si ni una pandemia o un penitente existieran.

Finalmente llegó al Templo del Carmen, donde coincidió con una mujer y una niña, las cuales se habían acercado a la puerta para tocarla y hacer una oración. La niña intentó llamar la atención del cofrade, pero este permaneció quieto frente a la puerta. La niña y la mujer se retiraron con un sonoro adiós, como si ambos entendiesen porque hacía esto.

El cofrade se quedó un tiempo más, y en comparación a los otros templos,  fue aquí donde más  tiempo se quedó inmóvil, apenas se le podía ver con las últimas  exhalaciones  del día y un fuerte viento  del sur  era el que le daba algo de vida al agitar sus ropajes. Finalmente el cofrade  terminó su oración y se marchó, como una aparición entre las sombras del frondoso árbol que está frente al Museo del Virreinato.

Logré alcanzarlo y hablar brevemente con él, pensé que no diría nada, pero tampoco le quise preguntar mucho,  la única pregunta que pude hacerle (y que desde que lo vi me invadió) fue la más simple y la más compleja “¿Por qué?” ,  con toda  tranquilidad me respondió : “Tantos años de realizarse esta Procesión, creo que a pesar del mal que nos está aquejando, tenemos más fuerza nosotros con la fe de Dios de que esto termine. Le quiero agradecer a los doctores, enfermeras, todas las personas que trabajan en la salud, sé que están dando la vida por nuestros enfermos, sigan haciéndolo, tengan fe, sé que Dios se los recompensará”,

Fotos y crónica de @Pukkov (Carlos Garrigós S)

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