OPINIÓN

La soga al cuello: La Guardia

“En la imaginación de cualquier ciudadano de a pie provocaba terror la posibilidad de caer en manos de policías federales, por justa razón o sin ella”. J. Jesús Esquivel. Las Operaciones Secretas de la Policía Federal. 2022.

 

El maestro Edgardo Hernández Contreras, abogado litigante, ex diputado local por el partido verde, (anterior a la era gallardista) experto en temas policiacos y belicoso luchador social, advierte sobre las motivaciones de la propuesta del presidente Andrés Manuel Lopez Óbrador de colocar a la guardia nacional bajo la cadena de mando de la Secretaría de la Defensa Nacional.

 

La precipitada propuesta del presidente tomó a muchos por sorpresa, no sólo por su evidente incongruencia, que además de violatoria de la constitución contrasta con el discurso del mismo Andrés Manuel cuando no era el jefe del ejecutivo. Eso prueba que las cosas siempre se ven distintas dependiendo de donde uno está parado.

 

Edgardo Hernández colaboró como funcionario federal hace más de una década en la entonces Procuraduría General de la República, fue subdelegado en San Luis Potosí y Zacatecas. Participó en diversos operativos y conoció la forma de operar de la incipiente delincuencia organizada. La norma jurídica de la época hacía sufrir a los ministerios públicos federales a la hora de integrar un expediente donde habría participado el ejército y culminado con alguna detención.

 

Eran los días en que incluso provocaba terror mencionar a los Zetas, los dos estados formaban parte de la zona de influencia de ese temible grupo criminal y aunque en aquellos días aciagos se conocía como “la compañía” a la frágil sociedad que mantenían con el cártel del Golfo de donde habían emergido como brazo armado del capo Osiel Cárdenas Guillén. Su formación castrense trajo los códigos de conducta a la organización paramilitar, la disciplina y hasta los mecanismos correctivos se institucionalizaron, como eso de “tablear” a quien cometía una falta no muy grave.

 

Las cosas ahora se encuentran igual o peor que hace una década, parece que no hubiéramos aprendido nada, las corporaciones policiacas con deficiente preparación y equipamiento a veces menor que los criminales, los mandos siempre bajo la sospecha de la corrupción y la sociedad que ha comenzado a normalizar las actividades ilícitas. La única diferencia entre un pueblo apático y uno aburrido, es: que quien está aburrido todavía espera que algo pase, el apático ya perdió la esperanza.

 

El ciudadano promedio comienza aceptar el oficio de halcón, estaca o bateador como un empleo tan normal como el que vende discos pirata o ropa de paca, casi como el coyote que gestiona las placas gratuitas o algún otro trámite en las recaudadoras de finanzas. Tan necesario como el agente de la policía ministerial que pide para “gastos” por investigar algún delito del que ya se fue víctima.

 

La verdad es que como bien dice el maestro Edgardo Hernández el ejército mexicano es una institución respetable y apreciada por los mexicanos, al menos siempre ha servido para exaltar el patriotismo y muchos los recuerdan por su participación en las labores de rescate y protección a los ciudadanos víctimas de algún desastre natural. Después de la tormenta casi siempre llegaba el plan DN – III.

 

Cuando Felipe Calderón sacó el ejército a las calles los sometió a un escrutinio para el que no estaban preparados, más aún, su falta de preparación logística y jurídica los expuso ante la opinión pública y cometieron pifia tras pifia. Los retenes, las operaciones especiales, los enfrentamientos y los cateos sin orden a vehículos y domicilios, cambiaron la óptica de las cosas. Además, la tropa, por lo general acostumbrados a obedecer, descubrieron un mundo que no habían visto con sus propios ojos, la opulencia de la vida narca.

 

Cuando un joven miliciano descubre que por la mitad de lo que un soldado raso hace o está dispuesto hacer, un sicario obtiene ganancias superiores, se siente un poco defraudado. La mayor parte de la milicia proviene de ambientes precarios, escasa educación y sin opciones en la vida, a veces solo hay dos caminos, el malo y otro que está muy jodido. Como ese joven soldado que estaba infiltrado en la Escuela Normal de Ayotzinapa, le tocó estar en el lugar equivocado y en el momento menos oportuno. Sus jefes ni siquiera lo buscaron, era carne de cañón, uno más de los 43.

 

Es verdad que desde su creación la guardia nacional es un ente castrense, quizás no ante la opinión pública, pero los mandos eran de extracción militar, la tropa igual, pocos fueron los elementos de la extinta Policía Federal Preventiva que hayan sido reciclados, no tenían buena fama. Desde su fundación la guardia nacional mantuvo una relación de subordinación a la SEDENA y… Aquí es donde está lo curioso, presupuestalmente la Guardia Nacional no depende de la Defensa Nacional.

 

Según deduce Edgardo Hernández el presidente está más preocupado de las explicaciones que dará sobre el abuso del presupuesto cuando ya no sea el jefe. Andrés Manuel López Obrador es arbitrario y necio, pero no tarugo. No se puede confiar en nadie, ni siquiera en el más pusilánime y servil de sus lacayos, el día de mañana cualquiera podría convertirse en su verdugo.

 

Ahora que el presidente Andrés se ponga a legislar por decreto y se pase la constitución por el arco del triunfo, solo será mediante una controversia constitucional que la corte terminará resolviendo (o absolviendo) las ocurrencias del personaje, la corte se ha vuelto muy colaboradora, sobretodo desde que el ministro presidente Arturo Saldívar Lelo de Larrea se dio cuenta que: “se atrapan más moscas con miel”.

 

El ministro Zaldívar ahora le da por protagonizar eventos y conferencias de prensa, incluso, contrario a la tradición, se le suelta el hocico de vez en cuando para polemizar, claro que agarrar de “sparring” a la señora Isabel Miranda de Wallace no tiene gran mérito pero démosle un poco de tiempo, apenas está aprendiendo hacer grilla. De por sí dicen que la justicia es ciega y el lazarillo resultó muy medroso.

 

Si por algo será recordado este sexenio, será por su desastroso manejo presupuestal y por la falta de límites a las ocurrencias del jefe del ejecutivo. Retrocedimos medio siglo hasta la década de los setenta cuando los presidentes jamás se equivocaban, pero aún en aquella época había contrapesos, una izquierda beligerante y otra en la clandestinidad, pero comprometida, vamos, hasta la derecha de entonces sería muy útil ahora, no importa la moralina, era culta y congruente con sus principios. Vivimos días aciagos.

 

Al presidente le hace falta un amigo, alguien con quien pueda hablar y que tenga la confianza para decirle en que está equivocado. Ahora vive la soledad del poder y falta lo más difícil, cuando se comienza agotar la arena en el reloj y te das cuenta que no hiciste nada, solo procrastinar y divertirte.

 

@gandhiantipatro

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