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El Teatro,factor de cambio social

 

–          No ha sido plenamente aprovechado para la reinserción social.

–          Coadyuva a la integración comunitaria y de discapacitados.

 

El teatro tiene la facultad de influir en la integración social de las comunidades, así como de personas con discapacidad mental, e incluso para influir en la reinserción social de quienes se encuentran encarcelados purgando una condena.

 

Estas son algunas de las conclusiones obtenidas dentro de la mesa de reflexión Las prácticas teatrales y su incidencia social, realizada en las instalaciones del Centro Estatal de las Artes, Centenario, en el marco de la 33 Muestra Nacional de Teatro, con la moderación de Gabriel Yépez.

 

Dentro de la mesa de trabajo, la dramaturga, actriz y directora teatral Sonia Enríquez compartió su experiencia dentro del proyecto de dramaturgia comunitaria, que ha desarrollado desde hace varios años en la localidad de Ozumba, Estado de México, donde trabaja con niños jóvenes y adultos con edades de 13 hasta 70 años y escolaridades desde primaria hasta carrera universitaria en curso, cuyas ocupaciones van desde amas de casa, hasta obreros, comerciantes o maestros normalistas.

 

A través de este proyecto no solamente se ha generado un importante número de obras teatrales, que rescatan la tradición oral de nuestros pueblos indígenas, sino que además se ha logrado la integración social en torno a las puestas escenográficas de esas obras de la dramaturgia popular, así como el rescate de algunos sitios urbanos para dignificar las representaciones teatrales que se ofrecen a los habitantes de la localidad.

 

Por su parte, el actor y director teatral Edgar Maldonado habló sobre su experiencia en la dirección teatral de actores con diversos tipos de discapacidad, como Síndrome de Down, autismo, sordera o ceguera, quienes dentro de la puesta en escena El hilo invisible, compartieron el escenario con actores convencionales, utilizando primordialmente la expresión corporal.

 

Tras la integración de dicha compañía, con personas con edades aproximadas a los 30 años, se logró que la puesta en escena se presentara durante dos temporadas, e incluso llegó a pensarse en la posibilidad de que los actores con discapacidad, pudieran llegar a lograr independencia y autosuficiencia, a través de esta actividad,. Sin embargo el proyecto se vio truncado debido a la sobreprotección de sus familiares, ya que varios de ellos manifestaron su intención de independizarse del seno familiar e incluso lograr una relación de pareja.

 

No obstante, Edgar Maldonado manifestó su confianza en la instauración de talleres para personas con discapacidad que quieran incursionar en el teatro, actividad que además de ser incluyente, representa un eficaz medio de expresión que coadyuva en la resolución de conflictos.

 

Más adelante, la socióloga, actriz y directora teatral Carmen Ramos compartió su experiencia en el trabajo teatral en la Ciudad de México con 60 personas en reclusión de 24 a 60 años, y aunque estableció que el impacto del teatro como actividad reformadora es algo difícil, consideró que no es algo imposible.

 

Indicó que el perfil de los integrantes era de procesados por delitos de homicidio, violación y secuestro, quienes inicialmente se mostraron reticentes a participar en lo que inicialmente era un curso del manejo de presencia-espacio con la voz, o lo que sería lo mismo la forma de expresar un discurso, el inicio de los juicios orales les motivó cierto interés, y sólo después de una serie de ejercicios se observó una redignificación en la personalidad de los reclusos.

 

Si bien, la socióloga aceptó que el teatro no convierta a los presidiarios en buenas personas, el resultado es obtener personas que adquieren conciencia de sí mismos y de su entorno, lo que a su vez origina un positivo cambio conductual, conclusión con la cual coincidió de cieta manera con José Carlos Balaguer, encargado del programa de impacto social del Foro Shakespeare, que con el apoyo de la fundación de una institución bancaria, logró la conformación de un grupo teatral profesional al interior del penal de Santa Martha Acatitla, que en 4 años ha recibido a unos 5 mil espectadores en sus representaciones escénicas.

 

Balaguer, quien también es sociólogo de profesión, consideró que la cultura representa un facto de reformación social, y como ejemplo de ello expresó que tras haber compurgado sus condenas, hoy dos exreclusos colaboran como gestores del área de impacto social del Foro Skahespeare.

 

Con base en lo anterior estimó necesario el establecimiento de auténticas políticas públicas de reinserción social, ya que para ello, la cultura constituye una herramienta muy valiosa, para la cual debe haber un marco legal en su aplicación en los centros penitenciarios, al igual que sucede en países como Alemania o Francia, donde se establecen alianzas con la sociedad civil para realizar acciones estratégicas, a efecto de lograr personas pensantes, como primer objetivo, para finalmente lograr su reinserción social.

 

De esa forma, asentó, el teatro puede ser factor para incidir en la seguridad nacional y transformar a la sociedad hacia un mejor estadio.

 

 

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