OPINIÓN

La soga al cuello: La ignorancia del tirano

EMBROLLÓN.

Liante, embrollador; que a propo?sito confunde y hace que otros se confundan; persona que todo lo enreda para salirse al final con la suya. Cree Corominas que es galicismo, derivado de brouiller = mezclar, aunque tambie?n puede ser voz derivada del vocablo latino brollium = bosque, por lo intrincado de e?ste. Es te?rmino de uso frecuente a finales del siglo XVI. Lo documenta Ce?sar Oudin en su Tesoro de las dos lenguas francesa y espan?ola, (primeros an?os del siglo XVII). Hartzenbusch recoge asi? el te?rmino, en el XIX:
Llevaban a enterrar dos granaderos al soldado andaluz Fermi?n Trigueros, embrollo?n sin igual, que de un balazo cayo? sin menear ni pie ni brazo.

Inventario general de insultos. Pancracio Celdrán Gomaríz.

 

Tal parece que para que algo sea una verdadera tragedia requiere ser un mal de muchos, que haya un video que constate el hecho, (no muy largo) y tener vigencia. Si no hay sangre o golpes a discreción, la noticia perderá su capacidad de atracción para el ojo del espectador que espera (y ya está acostumbrado) a que algo lo sorprenda cada treinta segundos. Siempre hay un video al alcance de cualquiera donde un obrero muere aplastado por un trascabo o un sujeto que pretendía rescatar al gato de la vecina, cae por la cornisa desde un sexto piso. Las personas estamos atrapadas en una vorágine de información poco relevante, pero abundante. A nadie le interesa ver el video de un maestro siendo detenido por un grupo de civiles por realizar una protesta afuera del recinto donde se presentaba el festival de charrería que engalana la ciudad.

 

“No era el momento”, así justificó el militar en retiro Guzmar Ángel González Castillo la agresión que sufrió el maestro Leonel Martínez Sánchez quién pretendía hacer una solitaria manifestación frente al teatro de la paz donde el gobernador inauguró un evento nacional de charrería. El profesor protestaba un supuesto despido injustificado por denuncias de corrupción con respecto a la distribución de los libros de texto gratuitos en la entidad. En su breve detención y posterior liberación (gracias a la oportuna intervención de una mujer que a gritos denunció la detención ilegal) el maestro se ve avasallado por media docena de torvos sujetos, corpulentos y mal encarados que no le dan ninguna explicación prácticamente el docente se ve privado de su libertad de forma ilegal y se le impide ejercer su derecho a la libre manifestación de las ideas. El lugar correcto, pero el momento equivocado.

 

Hasta donde leí la última vez, la constitución nos reconoce el derecho a los habitantes de este país a la manifestación pública, incluso, no señala explícitamente si el lenguaje del protestante debe estar supeditado a ciertas convenciones sociales, o si ya es responsabilidad de cada quién, después de todo, a los gobernadores y presidentes de la república les da por “cabronear” a medio mundo, como que se piensa que entre más grosero un discurso, más pueblo. Y aunque la libertad expresión sea una de las acciones que de forma individual realizamos sin tomar plena conciencia de lo maravilloso que es el derecho y de lo mucho que ha costado hacer inherente a la persona. Mucha sangre fue derramada para que en nuestra Carta Magna haya quedado consagrado -con letras de oro- el derecho inmanente e inalienable a decir pendejadas sin que ello amerite persecución o censura por parte de autoridad alguna. No importa si es el honorable ejército mexicano o el tres veces heroico cuerpo de bomberos, todos debemos respetar y honrar la memoria de aquellos héroes que nos dieron patria.

 

El militar en retiro que dirige la secretaría de seguridad y protección ciudadana me va decir que hay momentos y lugares oportunos para ejercer los derechos enunciados en la constitución general de la república, él antes que ninguno debería saber que es lo que está defendiendo, porque tal vez pertenece a esos mexicanos que “sólo obedecen órdenes”. Los militares (y hasta los que están en retiro o con licencia y se disfrazan de policías) deberían recordar una máxima que dice: la orden del superior debe ser directa y legítima. Cualquier instrucción debe bajar por medio de la cadena de mando y estar dentro de los márgenes legales establecidos en nuestras leyes y reglamentos. O sea, tanto el director de una corporación como el elemento de menor rango bajo su mando deben conocer la normatividad vigente. Ejemplo, si los elementos policiacos al mando de Guzmar Ángel González Castillo al percatarse que un grupo de civiles detenían a un ciudadano que ejercía su derecho a manifestarse y además de aprender a los delincuentes hubieran garantizado la seguridad del maestro Leonel, habrían hecho algo maravilloso, su trabajo, eso para lo que los ciudadanos les pagamos un salario.

 

No conozco a ese valiente profesor que sin el apoyo de un gremio fue a ejercer un derecho, debe saber que hay miles de ciudadanos que no nos hemos atrevido aún a seguir su ejemplo y ojalá cada día haya más transgresores del orden establecido por la ignorancia y la petulancia. Los héroes como ese profesor no son famosos en tik tok, pero sin duda deben sentirse orgullosos, porque este país es patria gracias a muchos que como ellos se atrevieron a romper las ataduras que las élites imponen desde la prepotencia de su comodidad. Los rebeldes siempre serán aislados, porque podrían contaminar a los demás ciudadanos que han sufrido el abuso de poder y el despotismo de las autoridades. Hombres y mujeres que diariamente padecen a funcionarios como el militar en retiro al mando de la secretaría de seguridad que sirven a un solo amo, y se han olvidado del pueblo.

 

Al secretario de seguridad quisiera preguntarle: ¿cuál es el momento oportuno para que usted y los que están bajo su mando se pongan hacer su trabajo?. Porque de un tiempo a la fecha somos una de las ciudades más violentas de México y el continente. Porque en San Luis Potosí se roban cientos de vehículos al mes y de nada sirven las miles de cámaras que hay por toda la ciudad para detener a las bandas criminales que administran a los potosinos como si fueran una granja. Porque el consumo de drogas sintéticas se ha instensificado en la ciudad y los elementos de la guardia civil del estado ni siquiera saben dónde son los puntos de venta. Como dijera el ex diputado, abogado y maestro Edgardo Hernández  Contreras: hay que dignificar la labor del policía, y lo primero es nombrar buenos mandos, personas responsables y respetuosas de la ley.

 

@gandhiantipatro

 

 

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