OPINIÓN

La soga al cuello:Primavera potosina

Lo terrible no es la muerte, sino la vida de la gente que vive o no vive hasta su muerte. Charles Bukowski.

 

Esta semana por fin llega la primavera, en días tan inciertos es difícil encontrar motivos para sonreír, el ominoso espectro de la guerra le muestra al mundo un atisbo del futuro, la humanidad, perpleja, no somos capaces de ralentizar el descenso sin control de los acontecimientos, los rusos, los gringos y los chinos tienen al planeta cayendo por una espiral de locura, el resto sólo somos espectadores, igual nos resta simpatizar con alguno de los bandos en pugna y mantenernos bajo la cauda del poderoso a quien rendiremos vasallaje.

 

Pero jamás seremos neutrales, de sobra sabemos quienes son nuestros dueños, tenemos hipotecada la casa y hasta la honra. Ellos bombardean desde hace décadas a los jóvenes de cada generación con series de televisión, películas, música, estilo de vida. Cualquier cosa que nos haga olvidar que en el siglo XIX nos invadieron exactamente igual para anexar aquello que los criollos de entonces no quisieron vender por la buena.

 

Pero en este pueblo pinche llamado San Luis Potosí la semana estuvo marcada por una serie de eventos trágicos, grotescos y preocupantes, el primero causó gran conmoción por su amplia difusión, hasta el gobernador José Ricardo Gallardo Cardona se le notaba indignado, descompuesto, como cuando alguien se pasa la noche en vela tratando de entender la naturaleza humana y lo primero que hace por la mañana es escribir un tuit anunciando que todo el peso de la ley caerá sobre los criminales y que a pesar de que el fiscal general del estado es autónomo, no dudará en pegarle un grito y darle una orden que rompa con todo el orden constitucional. “No permitiremos que naiden le pegue a los perritos” -afirmó tajante.

 

Y es que hasta se le revuelve a uno el estómago “nomas” de acordarme de las imágenes tan aberrantes, la secuencia es de una cámara de vigilancia instalada en el exterior de una vivienda clase media, ahí aparece una jauría de perros minis, algo se dicen, pero casi sin provocación, el delincuente (que resultó ser vecino del lugar) se le deja ir a las patadas a un inocente perrito que además, -hay que hacer la precisión- en un principio se resiste y aunque algo contrariado, no huye de la reyerta, el sujeto no cesa en su empeño de lastimarlo y todo concluye cuando aparece en la escena una niña en pijama que al escuchar el alboroto, no duda en ir al rescate de su mejor amigo. El tipo al verse descubierto solo se le ve alejarse arrojando al aire lo que a todas luces parecen ser improperios.

 

El comportamiento de la masa justo después es de un linchamiento social, el mismo gobernador participa pues no sólo reflexiona desde sus redes sociales, juzga y comparte la imagen del sujeto en la secuencia mil veces compartida. Para agregarle mayor dramatismo, el “pollo” gobernador también pública la fotografía del infeliz perro con el hocico partido, la sangre canina todavía fresca escurriendo y la mirada triste de la mascota que afortunadamente no presentaba mayor daño físico pero sí un profundo trauma psicológico que tardará años en sanar.

 

Si de algo sirve el consuelo, el ahora prófugo de la justicia y próximamente vinculado a proceso (por orden del gober) no tendrá paz por el resto de sus días en San Luis Potosí, ya todo mundo sabe su nombre, su código postal, y la fotografía de su abominable rostro ha rolado por todas partes. El maldito psicópata asesino de perritos por fin fue atrapado gracias a la decidida intervención de Ricardo Gallardo. Si acaso me queda una duda. ¿Puede un gobernador hacer eso?

 

Entiendo que en la era de los idiotas lo importante es la imagen, basta un video para sentenciar a una persona o a un grupo de ellos. Los políticos viven de estar al día, y en un mundo que cada tres minutos se actualiza, es difícil mantenerse vigente, porque en un instante uno puede ser el héroe de la película y tres doritos después, ser un violador de gatos o alguien a quien le gusta arrancarle las alas a las moscas y comérselas. Y con tanta cámara de vigilancia por todas partes pues prácticamente es imposible no salir en una toma de video rascándose afanosamente los glúteos o comiéndose los mocos.

 

Si el tipo en cuestión paseaba su propio perro y este se vio agredido por la jauría de la calle y actuó en defensa de su “perrijo” (como ahora los llaman) como lo haría cualquier padre, no importa, el video manda y ahí solo se ve a un humano abusivo pegándole sendas patadas al estilo Bruce Lee y no hizo falta tribunal, a los treinta segundos de que comenzó a compartirse el video ya existía una sentencia, el jurado fueron los likes en Facebook y el acusado ya era hombre muerto. De mínimo quieren poner un castigo ejemplar dejándolo un rato en chirona. Como decía Foucault, la sociedad no quiere que el delincuente sea castigado, sino que además sufra.

 

Quién sabe qué le harán a los golpeadores de perros en el penal pero no me lo quiero imaginar, yo creo que lo van a tener en aislamiento hasta que alcance su preliberación. Cuando salga será un paria, la gente lo reconocerá en la calle y será señalado con dedo flamígero. “Ese es el que le pego al perrito”, dirán las beatas cubriendo su boca con el rebozo, susurrando maldicientes versos de inquina, lo verán alejarse con desconfianza y aún a la distancia, le seguirán con el rabillo del ojo hasta perderlo de vista. Sin duda el tipo cometió un error, hoy en día es más penado darle una patada a un perro, que robarle al pueblo de Soledad de Graciasnos Sánchez doscientos millones de pesos utilizando alguna empresa fachada.

 

De la trágica muerte de una golfista que fue tenista y también priísta no hay mucho decir, unos dicen que los guaruras confundieron un retén militar con un operativo bélico del crimen organizado, la fiscalía de Jalisco asegura que las cosas no fueron como dicen que dijeron, y aquí no dicen nada, solo que lidy Villalba estuvo en la carretera equivocada y en el momento menos oportuno. Ya la suerte estaba echada.

 

Y por si algo más faltaba en esta tierra olvidada de Dios, el nieto de un exgobernador salió al balcón, que según es gustoso de acechar a las amigas que en estado inconveniente se va a dormir confiadas en el buen apellido de sus anfitriones, al parecer el petiso orejudo pasó de vouyerista a legionario de Cristo. Igual se le andaba encimando a los invitados cuando se retiraron a sus aposentos, con esa modalidad que traen ahora los ricos por hacer fiestas en haciendas y se incluye el hospedaje y hasta la torna boda.

 

Ya no hay moral y aunque todo surgió de un chisme por una nota de voz que seguramente de un grupo de whatsapp fifí saltó a la fama en cuanto se comenzó a compartir. Aquí no habrá delito que perseguir, la doña se desdijo al día siguiente y como suele pasar en estos casos, el nieto pervertido ya está fuera del país y los abogados harán los acuerdos necesarios.

 

Sea pues San Luis Potosí, tierra de ilusos jactanciosos, pervertidos compulsivos, asesinos confundidos, eres la fusta del diablo azotando a los jinetes que llevan la muerte, el dolor y la desgracia.

 

@gandhiantipatro

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