OPINIÓN

La soga al cuello: La carabina de Androsio

Poco trabajo, mucho dinero, pulque barato, ¡Viva Madero!.

Coplas populares

 

La política mexicana ha dejado de ser el arte de tragar sapos sin hacer gestos, ahora es un juego de niños. El presidente Andrés y sus veleidosos opositores dirimen sus diferencias a las “pipis y gañas”, sus días transcurren entre el “lero lero” y el “no me dolió”. Así se juega con el país, un personaje intransigente que hace mucho perdió el último grado de congruencia y su ejército de orcos, por el otro lado, la precariedad del discurso político, un mazacote de antiguos rivales que ahora, por necesidad de supervivencia tragan del mismo plato y defecan sobre la mesa.

 

La reforma energética propuesta por el presidente para asegurar que los intereses de todos los mexicanos estén a salvaguarda no pasó, y él ya lo sabía, lo sabían todos los involucrados, los mirones, los analistas políticos, los diputados, los cabilderos de las empresas extranjeras y hasta la Sonora Santanera lo sabía. No pasó el filtro porque el presidente Andrés mandó a su manada sin pastor ni perro ovejero.

 

El único argumento válido es el repudio que le genera al presidente pensar que una empresa extranjera venga y nos robe a los mexicanos nuestra preciada riqueza, se le retuercen las tripas nada más de acordarse de lo ricos que son esas trasnacionales y como es que siempre ganan. Yo no sé cómo el presidente no ha agarrado de ojeriza a Walmart, igual porque es la empresa extranjera que más empleos da en México y además, a esos sí no les gusta negociar ni perder el tiempo en banalidades.

 

Pero para qué tome nota Andrés, esos de Walmart explotan al trabajador impunemente y hasta a los productores mexicanos que quieren colocar un producto en sus estantes, los hacen participar en promociones forzosas, fijan los precios y el margen de ganancia. En cualquier parte donde se instalan aniquilan el comercio local con tácticas de comercio desleal y después, cuando se quedan con el monopolio, manipulan el mercado y se dan la tarea de crear necesidades con técnicas avanzadas de programación neurolingüística y estrategias de marketing. A ver para cuando los diputados morenos y el presidente Andrés hacen unas leyes para defendernos de esos perversos intereses extranjeros.

 

Volviendo al debate (que no fue) en el congreso de la unión, las tarjetas de los asesores volaban a manos de diputados imberbes y algunos de ellos, francamente ridículos e ignorantes. Salvo algunas excepciones, el noventa por ciento de los 500 diputados no son capaces de articular un discurso y argumentar con una mínima elocuencia. Parece la clase de español de un grupo de mozalbetes insolentes y rebeldes. Muchos de ellos deberían por lo menos practicar su lectura unos veinte minutos diarios en lugar de pasar la tarde viendo videos de tik tok. Ojalá el mundo esté distraído con la guerra en Ucrania y el valeroso presidente Bukele batiéndose con las pandillas “maras” para que no se detengan a mirar nuestras miserias.

 

Por lo que los mexicanos pagamos por esos quinientos diputados y su costosa burocracia legislativa, deberíamos recibir de vez en cuando un buen espectáculo, no una discusión arrabalera de meretrices, lilos y padrotes. Por un mínimo de responsabilidad, uno esperaría que los diputados tomen un “cursito” de oratoria aunque terminen manoteando y gesticulando con la gracia del cómico “clavillazo”. Los pocos que se dieron a entender se dieron cuenta a los tres minutos que el debate era insulso, banal e inútil, hasta los más vehementes, como el licenciado Juan Ramiro Robledo Ruíz, se excedió en su exposición al pleno. Querer reformar la constitución por algo que se arreglaba con un bis, ter, quáter y quinqués a la ley de minería era ocioso.

 

Ahora que si el presidente quiere echar fuera a las empresas extranjeras como Iberdrola que comience por las petroleras que gozan de los contratos ventajosos que algunos datan de cuando Felipe Calderón acató la instrucción de doña Hillary Clinton y otros de cuando Enrique Peña hizo sus reformas estructurales. El entonces activista Andrés Manuel López Obrador se enfermó sospechosamente de algunas afecciones cardiacas que le impidieron salir a la calle y enfrentar al malicioso “pacto por México” .

 

Lo único malo es que las petroleras que tienen los contratos en el Golfo de México y que gozan incluso del privilegio de provocar un derrame de crudo y causar un daño ecológico irreversible sin pagar indemnización alguna, son propiedad de Black Rock, ese fondo de fondos con quien el presidente prefiere llevarse muy bien. ¿Acaso ellos son los que levantaron la ceja cuando se dieron cuenta que la propuesta de reforma del presidente contenía algunas comas y acentos que no gustaron mucho del otro lado del charco?. Yo me imagino que a veces el presidente se emociona de más y se pone todo loquillo, como los niños cuando les avisan de sorpresa que los van a llevar al parque.

 

Pero aun así Andrés sigue siendo el chico rudo del callejón, pues que chiste en un mundillo de enanos, como dijera mi abuelo, -hombre honesto a sus horas- “así hasta yo”. Debe ser una terrible decepción vencer a sus adversarios y al final descubrir que derrotó a tigres de papel. El presidente me hace dudar de la peligrosidad de esas fuerzas oscuras que nos acechan. Tal parece que las huestes del ejército conservador están bajo el comando de un par de gallegos distraídos.

 

La oposición, ¡Dios mío!, ya me los imagino poniéndose de acuerdo en un grupo de whatsapp para subir videos a sus redes sociales presumiendo que se fueron a dormir a su oficina por temor a que el “pueblo bueno” quisiera impedir su ingreso al pleno al día siguiente. Todos con sus edredones y almohadas sognare, nosotros con cobija de tigre viendo el espectáculo en el celular. Que pendejos somos todos.

 

Yo me imagino que la vida de los actores políticos de oposición es tan básica, que hasta una bobería como esa, fue una aventura. No entiendo porque si pensaron en esa brillante estrategia para evitar el latrocinio, simplemente se hubieran metido al congreso en silencio, para amanecer al día siguiente trasnochados y torcidos del pescuezo, acto seguido se habrían enredado en la bandera para arrojarse desde el torreón más alto. Patético, son de la generación X y se quieren comportar como milenial, pero se ven mal.

 

Al final, el que no quería ganar la votación la perdió, y los que no querían perder, la ganaron, y festejaron. Nombre, que Dios guarde la hora, si hasta parecía que habían ganado el mundial de fútbol y en penalties. Todavía andan en la borrachera. Pero si creen que de una victoria pírrica se construye un proyecto ganador a la elección del 2024, andan muy errados, primero que se consigan candidatos de nivel. Por su parte Andrés mandó una paloma mensajera a Washington: “sin novedad en el frente”. Seguro que hasta se le salió un suspiro de esos que huelen.

 

Lo curioso es que salvo algunos cuantos espectadores morbosos, al pueblo de México le anda valiendo muy poco lo que pase en el congreso, y de una vez quién sea el presidente, lo que les preocupa es si las becas de los viejitos, los jóvenes construyendo el futuro y los campesinos que andan sembrando vida continuarán llegando puntualmente.

 

Mientras tanto los mentados Whitexicans se vomitan ante la inevitable permanencia de ese anciano decrépito al que quisieran ver muerto. A veces, nada más por eso hago a un lado la razón, y me convenzo que está mejor Andrés, que Enrique, Felipe o Vicente. Por el puro gusto de ver a esos “aspiracioncitas” -como diría el clásico- tener que tragar camote. Lo disfruto tanto como ellos gozan de llamar indio al pobre y regatear con la señora de las verduras.

 

A veces escucho que acusan al presidente Andrés de haber dividido a México, no señores y señoras, el país siempre ha estado dividido en castas. Pero nos cansamos de negarlo hasta que de vez en cuando, alguien viene y nos lo recuerda. Somos Yugoslavia antes de la muerte de Tito.

 

@gandhiantipatro

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