OPINIÓN

La soga al cuello: La ciudad robada

Todos nos inclinamos hacia el odio o hacia el amor, no queda otra elección, solo el diablo puede ser neutral. Clemens María Brentano.

 

La ciudad maldita, somos una granja. En los últimos días se han incrementado peligrosamente los asaltos a mano armada y el robo de vehículos con violencia. Son bandas bien organizadas y aparentemente los sistemas de seguridad que se apoyan en las miles de cámaras instaladas en los centros de control y comando no logran ni siquiera advertir por dónde se fueron los delincuentes. Solamente documentan la tragedia en video, de algo podemos estar seguros los potosinos, en caso de sufrir un asalto y tal vez terminar con algún destino trágico, todos verán nuestros últimos segundos de vida.

 

La verdad es que sufrir o no un asalto en esta ciudad es cosa de suerte, salir de compras resulta toda una odisea. Es terrible el sentimiento de impotencia que debe sentir una persona que sufre un asalto en plena vía pública y frente a su familia. Me imagino en los zapatos de esa persona, apretando los puños y mirando con rabia la motocicleta con los dos encapuchados que se alejan a gran velocidad y pensando si será una buena idea darles alcance y atropellarlos. Y quizás todos toman la decisión correcta, porque además de exponerse a la represalia de los socios, también es posible que a cualquiera, al estar plenamente identificado, se le caerá encima todo el peso de la ley.

 

Es bien sabido que la justicia no se aplica igual para pobres, ricos o delincuentes. Y aún entre ladrones hay razas, los hay desde los que roban por oportunidad, para saciar su necesidad de algún tipo de estupefaciente, hasta las pequeñas bandas criminales bien organizadas, de esas que pagan por protección a uno de los carteles que controlan la ciudad, que a su vez proporcionarán los contactos de los mandos policiacos que darán el paso franco y apoyo logístico. Así es señores y señoras, no es fácil decir esto pero, seamos honestos, no soy el único que lo supone, hay colusión entre los mandos de las corporaciones policiacas y los criminales.

 

No se puede entender el grado de efectividad e impunidad sin meditar en que semejante sincronía entre malandros, solo se da entre personas que se conocen bien. Evidentemente que las bandas criminales necesitan casas de seguridad, armamento ligero, información sobre las principales vías de la ciudad e incidencias de tráfico para favorecer un adecuado escape, información valiosa que podría salvar vidas. A partir de la denuncia de un ilícito, y si además se cuenta con las características del vehículo en que huyeron los ladrones, el personal altamente capacitado de la Guardia Civil Estatal bien podría ubicar en tiempo real a los delincuentes en persecución, al menos eso dice la propaganda. Otra cosa es que tal vez no quieran.

 

Nunca he sabido yo de algún caso donde la autoridad actúe ipso facto haciendo uso de las herramientas tecnológicas, si acaso recuerdo una nota donde policías municipales detuvieron a un par de jóvenes que golpearon y robaron a un joven que en compañía de una mujer paseaban tranquilamente por el centro histórico de la ciudad. Extraña sensación de satisfacción cuando uno observa a través de de la   pantalla, la reivindicación del ciudadano antes inerme y ahora listo para participar en algún linchamiento colectivo.

 

Las turbas enardecidas se han vuelto cada vez más comunes y son una respuesta lógica ante la incapacidad del estado para proveer seguridad y tranquilidad, o ya de menos el desquite, luego pasa que las personas ya no quieren sus pertenencias de vuelta, sino desahogar su coraje, devolver algo del cariño que les fue obsequiado involuntariamente. En términos de la Justicia Restaurativa, la víctima aceptará la disculpa de su agresor y será el primer paso para resarcir el daño pues lo importante es, recuperar la confianza de la sociedad en su sistema de persecución del delito y procuración de justicia.

 

Curiosa confluencia de ideas en un sistema cada vez más sosegado, desde que existe el sistema de juicios orales se ha desarrollado un subsistema que prevalece por encima del real, en él se acuerdan peritajes, se adquieren o se nulifican los testimonios de los primero respondientes, por lo general se sienten aliviados de no tener que pasar por la monserga de aclarar la razón de sus actos ante un juez de control, además del asedio del representante de la fiscalía o algún avezado abogado defensor.  A nadie le gusta que lo exhiban de incapaz o le critiquen su fea letra.

 

El gobernador del estado Ricardo Gallardo Cardona habló con desparpajo y ya sin sorprender a nadie, advirtió con cierta añoranza que apenas para corregir a los morros inadaptados estaría bien rescatar la bonita tradición del llamado “convoy” y abundó, “yo creo que vamos a tener que regresar a esos tiempos en que llegaba el convoy, se llevaba a todos los que anduvieran en la calle, los rasuraban y los dejaban pelones”. Cuidado con darle alas a los policías y explotar su vena violenta, es como dar una patente de corzo para matar y violentar ciudadanos.

 

Nunca faltará  el zalamero/a que le aplaudan al gobernador cuanta ocurrencia le venga de imprevisto. Como la diputada de Morena Lidia Nallely Vargas Hernández que por querer quedar bien, terminó defecando sobre el pastel en una fiesta de cumpleaños. Y es que la casi inimputable diputada ignora que existen tratados internacionales y algunas cuantas leyes de carácter federal y local que serían violentadas con el simple hecho de detener sin causa justificable y con excesivo uso de la fuerza a un grupo de jóvenes con la intención de humillarlos y atentar contra su dignidad.

 

Me sorprende que nadie de los que han hecho de su vida y negocio la defensa de los derechos humanos haya levantado la voz para hacer notar la curiosa propuesta, seguramente la amenaza de un corte de pelo va provocar terror en una serie de jóvenes que a estas alturas ya saben lo que es cargarse a otro cristiano con una cachimba, y otros que apenas van para allá y su aspiración es llenarse los bolsillos de gloria por lo menos un día en su miserable y efímera existencia. “Hay que ser profesionales aunque seamos putas”, como escuché en una de esas películas de ficheras que tanto alimentaron el ocio y la incultura de un pueblo mexicano que se tragaba lo que había.

 

Hay que entender que aunque la indignación es mucha, no se resolverá desquitándose con el grupo más vulnerable de la delincuencia local, y sobre todo porque la mayoría de los ladronzuelos que son atrapados traen su mochila del partido verde, no tanto porque esa sea su filiación política o porque se sientan protegidos, no me malinterpreten, sino porque salieron muy resistentes. Bien haría el gobernador en no tomar decisiones intempestivas, porque podría estar afectando su base social y eso repercutirá en los resultados electorales del 2024. Amén de que se estarían violando derechos humanos y todo eso que a nadie le importa.

 

Estimado lector proletario y asalariado, sea usted feliz y cuide su aguinaldo, que La Paz y La Felicidad reine en su hogar, por lo menos un día.

 

@gandhiantipatro

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