
La reciente travesía de la presidenta Claudia Sheinbaum por tierras ibéricas no debe leerse como un simple periplo diplomático, sino como una sofisticada operación de “rebranding” geopolítico. Tras un sexenio de introspección casi monacal, México ha decidido asomar la cabeza al mundo para verificar si el aire todavía es respirable. Es el fin de la “pausa”, o al menos, el inicio de una tregua donde el protocolo sustituye al agravio. Resulta enternecedor cómo la diplomacia puede convertir una “herida abierta” en una simple anécdota de sobremesa cuando hay presupuestos de por medio. La presencia de la mandataria en Barcelona, flanqueada por figuras como Luis Inácio Lula da Silva y Pedro Sánchez, intenta consolidar un eje de resistencia progresista frente a la inminente tempestad que se gesta en Florida. Esta Global Progressive Mobilisation busca, en teoría, proponer alternativas al gasto militar y defender una democracia que se siente bajo asedio. Es una apuesta por el multilateralismo en un mundo que prefiere el aislamiento de los muros. Curiosamente, se habla de paz en Europa mientras aquí seguimos contando los “daños colaterales” del fin de semana.
Sin embargo, esta épica internacionalista choca de frente con la cruda realidad del balance general y los indicadores de riesgo país. El activismo en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia parece una póliza de seguro ideológica contra el retorno del “trumpismo” a la Casa Blanca. Se busca interlocución con el mundo para no llegar a la mesa del T-MEC con las manos vacías y el ánimo de rodillas. México juega a ser el líder del bloque “No voy a aprender su maldito idioma”, aunque por debajo de la mesa siga traduciendo facturas al inglés. El relevo en la Cancillería, con la llegada de un perfil técnico y pragmático como el de Roberto Velasco, es la pieza que confirma el doble rasero de esta administración. Mientras la retórica presidencial se baña en las aguas del idealismo en Barcelona, el nuevo Secretario de Relaciones Exteriores opera en los sótanos de la realpolitik de Washington. Es una diplomacia de dos carriles, uno para la foto con la izquierda europea y otro para la gestión de daños con los halcones republicanos. Es reconfortante saber que alguien está cuidando los aranceles mientras el resto soñamos con la paz mundial.
No podemos ignorar la sombra del narcotráfico que, como un parásito silencioso, se ha infiltrado en la logística de la Península Ibérica. La mutación de los cárteles mexicanos hacia un modelo de “narcotráfico corporativo” ha convertido a España en un “hub” tecnológico para la síntesis de metanfetaminas. Ya no se trata de control territorial violento, sino de una infiltración quirúrgica de químicos y especialistas en blanqueo de capitales. Al parecer, la eficiencia empresarial mexicana sólo ha logrado internacionalizarse con éxito en los mercados de lo ilícito. En el frente interno, el modelo económico muestra signos de una fatiga estructural que ni siquiera la propaganda más optimista puede ocultar. El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público ha escalado hasta rozar el 54.7% del Producto Interno Bruto este año. Hablamos de una deuda pública que coquetea con los 18 billones de pesos, impulsada por un déficit fiscal que compromete el margen de maniobra de las próximas décadas. Es un esquema de gasto expansivo que confía ciegamente en que el nearshoring será el milagro que pague la cuenta antes de que los intereses nos devoren.
La contradicción más flagrante de este “periodo de gracia” ha sido, sin duda, el idilio inesperado con Larry Fink y la súbita apertura al gas no convencional. Recibir al CEO de BlackRock y, acto seguido, anunciar un comité para evaluar el fracking es una pirueta ideológica que dejaría a cualquier gimnasta sin aliento. Se sacrifica el dogma ambiental en el altar de la seguridad energética para reducir la dependencia de Texas. Es una “soberanía” curiosa la que se construye pidiéndole permiso al capital más agresivo de Wall Street. Para el sector empresarial, especialmente en enclaves industriales como San Luis Potosí, estas piruetas son vistas con un pragmatismo casi cínico. Al industrial no le interesa si el gas se extrae mediante fractura hidráulica o mediante un proceso alquímico, siempre que el costo por kWh sea competitivo. La IP potosina ha decidido ignorar las contradicciones del discurso oficial a cambio de una promesa de energía barata y estabilidad en el suministro. Al final, el capital tiene una brújula moral muy sencilla: siempre apunta hacia el menor costo operativo.
La base social de Morena, blindada por un sistema clientelar de transferencias directas que parece inmune a la crítica, difícilmente registrará este cambio de rumbo. El verdadero peligro para el oficialismo reside en el mercado de los indecisos y en la clase media que esperaba una gestión basada en la evidencia científica. Sin embargo, la oposición sigue sumida en una parálisis narrativa que le impide capitalizar estas evidentes fisuras en el relato gubernamental. Es una suerte contar con enemigos tan ineficaces cuando uno está ocupado contradiciéndose a sí mismo. Este funambulismo geopolítico y económico define el estreno del gobierno de Sheinbaum, una mezcla de retórica progresista internacional y pragmatismo neoliberal de emergencia. Se entregan capos como ofrenda en Washington mientras se firman manifiestos por la paz en Barcelona, todo bajo la sombra de una deuda que no deja de crecer. México intenta navegar la fragmentación global ofreciendo “negocios” a quienes antes llamaba adversarios. Habrá que ver si el espectáculo alcanza para mantener la función antes de que el cable de la deuda termine por romperse.
¿Cómo explicarle a la historia que al final el neoliberalismo terminó financiando sus propias contradicciones con la tarjeta de crédito de BlackRock? Quizás la respuesta esté en ese comité “técnico” del fracking, ese eufemismo elegante para decir que el hambre de energía siempre será más fuerte que el amor al paisaje. México ha vuelto al mundo, sí, pero lo ha hecho con la mirada puesta en el mercado y la mano en el bolsillo del contribuyente futuro. Es un giro de 180 grados que, sospechosamente, nos ha dejado exactamente en el mismo lugar de siempre. Al final del día, la geopolítica no es más que el arte de sonreír en una cumbre mientras se afila el cuchillo para la renegociación del tratado comercial. La presidenta sabe que Trump no perdona, pero que también sabe hacer negocios con quien tiene algo real que poner sobre la mesa. Entre el fentanilo, el gas y los aranceles, México está vendiendo su coherencia para comprar algo de tiempo. Esperemos que, cuando llegue el momento de pagar, todavía tengamos algo más que ofrecer que solo mano de obra y buena voluntad. Como dijera el clásico: buen amigo, buen vecino.
La de la Falda de Serpientes
La visita al Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona para supervisar el proyecto Coatlicue es el epílogo perfecto de esta gira de contrastes. Resulta casi poético que el gobierno mexicano busque en una antigua capilla catalana el bautismo tecnológico de una deidad mexica reconvertida en circuitos y algoritmos. Es la “ciencia soberana” buscando su lugar en el mundo, mientras la presidenta advierte que “o las máquinas entienden la lengua de las personas, o las personas acabarán hablando la de las máquinas”. Es un alivio saber que, ante la crisis energética y la deuda, nuestra gran apuesta es una computadora que nos dirá, con una precisión matemática aterradora, exactamente cuánto nos falta para el colapso. Esta Coatlicue digital, con una inversión de 6 mil millones de pesos, promete predecir desastres naturales, fraudes fiscales y, -quizás lo más ambicioso- el comportamiento del mercado de energía. Es el último guiño de una “presidenta científica” que prefiere confiar en el procesamiento de datos masivos que en la mera voluntad política. El problema, claro, es que hasta la máquina más potente del mundo necesita electricidad barata para funcionar; esa misma energía que ahora buscamos en el fracking bajo la bendición de Wall Street. Al final, Coatlicue no deja de ser una madre, nos ofrece respuestas brillantes, pero nos recuerda que alguien tendrá que pagar las consecuencias de nuestras omisiones.
Sea pues señora del collar de manos, cráneos y corazones, la nada en el espejo te precede, eres luz y sombra, no hay corona, ni rango, ni memoria, solo el beso del gusano y su paciencia, que deshace la carne y su victoria, hasta dejar la cal en la conciencia.
@gandhiantipatro





