
El sábado 3 de enero de 2026 es una fecha que el mundo no olvidará, es el día que todo comenzó. Y es que todos los que creen conocer la personalidad narcisista y en ocasiones “simplesca” del presidente Donald Trump se han tragado sus palabras. Los más acertados le llaman loco, desquiciado, trastornado, pero nadie cree que sea estúpido, -ahora menos- ya nos demostró que cuando tiene que apretar el botón que costará vidas, lo hará sin piedad. Para el presidente norteamericano es relativamente sencillo eso de jugar al monopoly, así es como funciona el mundo de las finanzas, los dueños del dinero no tienen escrúpulos, ética, moral, y mucho menos, misericordia. Claro que para mantener la vigencia del papel de “policía del mundo” necesitaba un villano, para el presidente Trump ponerse el traje de Capitán América es importante. A partir de ahí, lo que necesitaba está película para asegurar el éxito de la empresa es un villano, uno muy convencional, histriónico, alguien que el elector promedio en EE UU pueda comprender fácilmente y sea fácil de odiar. Nicolás Maduro ya escuchaba pasos en la azotea, la presencia de navíos de guerra frente a sus costas fue la señal inequívoca de que la suerte estaba echada. Los norteamericanos no mueven una flota naval de ese tipo para después retirarse con la satisfacción de haber liberado al pueblo de alguna república bananera de la tiranía de un pelele. A no ser por su antecesor Hugo Chávez -que tuvo a bien morirse en la cúspide de su poder- Maduro jamás habría pasado el examen básico para dirigir un país con una inmensa riqueza energética. En la corte de bufones que amenizaban los días del comandante Chávez, Nicolás tuvo la oportunidad de mostrar sus dotes, nadie logró superarlo en eso de arrancarle carcajadas al fundador de una filosofía confusa y ruin que arruinó al país y expulsó a ocho millones de personas en un cuarto de siglo. Hasta hace unos días era común ver al presidente Nicolás Maduro bailar en los eventos públicos y decir sandeces, era su mayor satisfacción, vamos, ni siquiera en la peores horas de su vida pudo comportarse seriamente, en videos difundidos por las mismas autoridades norteamericanas se le puede ver gesticulando y comportándose inimputable, quizás esa será la estrategia legal de su defensa, alegar demencia.
Pero hay que desenredar la madeja primero, el presidente Donald Trump ordenó una operación militar a todas luces violatorias del derecho internacional, no importa si mucha gente piensa que el ex presidente venezolano se ha sostenido en el cargo producto de repugnantes fraudes electorales, no importa si mantiene el control del país financiando una base clientelar de gente marginada y dependiente del estado, no importa si debe comprar la lealtad del sector militar con privilegios y concesiones para una élite corrupta y servil, no importa si el dominio de las instituciones se sostienen gracias a que se apropiaron del poder electoral que le permite al chavismo ganar todas las elecciones y colocar a papanatas y tiralevitas en los cargos públicos. Al final no fue suficiente, una operación quirúrgica de veinte helicópteros, un apagón y unas cuantas bombas diseminadas para crear terror y confusión fueron suficientes para abrirle paso a una fuerza invasora que entró y salió de Caracas con el presidente Nicolás Maduro. Se tomaron la molestia de transmitir en tiempo real la operación para que Donald Trump pudiera observar desde la sala de su casa blanca la caída de un bravucón, un tigre de papel que días antes le exigía ir por él a su palacio de Miraflores, y aunque posteriormente cayó en gracia de que no había que romper el diálogo y solicitó conferenciar, ya estaba puesto en marcha el plan de su derrocamiento. A veces me pregunto, ¿cómo llega esta gente al poder?, después me acuerdo que en México tenemos muchos ejemplos de porque no todas las personas deberían tener derecho a votar, cuando no es un ranchero lebrón, es un envaselinado personajillo con una historia de telenovela, o un mesías tropical que igual pudo haber estado en un manicomio sin hacer daño a nadie, pero un pueblo aburrido y despechado creyó que sería una buena opción darle el poder a un viejo necio con un chingo de rencor acumulado. ¿Qué podría salir mal?. Craso error.
La reacción no se hizo esperar, una casi unánime condena internacional se replicó por todo el planeta. Al presidente Trump no le preocupa la opinión pública, ni tampoco la organización de estados americanos (OEA) o la de las Naciones Unidas, (ONU) para él sólo existen otros dos países en el orbe y están muy lejos de su continente. Para aquellos que pensaron que sería imposible que un presidente de un país fuera detenido en su propio territorio por una fuerza militar extranjera, se han quedado atónitos, impertérritos. La acusación absurda de que como jefe político de la nación encabeza un cartel criminal con el objetivo de enviar grandes cantidades de drogas a EEUU para convertir el lucrativo negocio en el responsable de la mayoría de las 300 mil muertes por sobredosis en la nación americana se escuchaba inverosímil, aceptar sin conceder que eso podría ser probable y susceptible de ser juzgado en una corte americana es dejar la puerta abierta peligrosamente. Y Donald Trump no lo dejó a la interpretación, le envió un mensaje al presidente colombiano Gustavo Petro, al cubano Díaz – Canel y hasta a los cárteles mexicanos, tiene la tecnología, la información y el estado de fuerza necesario para eliminar lo que él considera una amenaza para su seguridad nacional. Al menos en el caso de México no se atrevió -por el momento- a incluir en la lista de presidentes narcotraficantes a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, pero dejó claro que aunque Claudia no es Rosario Tijeras, ha perdido el control del territorio, de las instituciones de justicia y todas la policías están penetradas por el crimen organizado, incluso el sector militar. En términos prácticos, para Donald Trump, Claudia Sheinbaum es la presidenta de México pero no lo gobierna. No sé qué es peor, si la sospecha, o la certeza. La presidenta de México hizo su enérgica condena desde la sobriedad de una entrevista banquetera en una gira de trabajo y más tarde, un grupo de gobernadores vinculados con el crimen organizad/perdón, alineados con el régimen de la cuarta transformación firmaron un desplegado apoyando el pronunciamiento. El presidente gringo volvió a reiterar que ya le hizo una oferta a la jefa del ejecutivo, que cuando ella quiera él se encargará de acabar con esa plaga. La presidenta repitió su frase de qué colaboración la que quiera, subordinación, nunca. Eso que se lo pregunten a Maduro, el tipo dijo lo mismo y a estas horas ya debe estar bien subordinado.
Y por si faltara una mosca encima de esta gran montaña de excrementos, el presidente Andrés Manuel López Obrador reapareció públicamente. El más inoportuno de los oportunos hizo público un comunicado, ahí asegura que aunque está retirado de la vida pública, sus convicciones le impiden guardar silencio. Denunció el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y afirmó que si Abraham Lincoln estuviera vivo se le caería la cara de vergüenza de ver cómo su amada nación se ha convertido en símbolo de la tiranía mundial. Después de dejar entrever que Donald es un pendejo al dejarse llevar por “la autocomplacencia y las voces que impulsan la confrontación”. Le advirtió que “una victoria inmediata puede convertirse en una derrota futura y subrayó que la política no debe basarse en la imposición”. El ex presidente “refriteó” la ya tan “sobada” frase de don Benito sobre que entre los hombres como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz. Por último, el pendenciero ex jefe de la cuarta transformación en retiro le advirtió al presidente gringo que por el momento no le manda un abrazo, porque está muy sentido con él -pero chance y luego si se porta bien. Es lo malo de la jubilación y la soledad, de por sí el don Andrés nunca cumple sus promesas y se la pasa viendo novelas turcas en su casa-manicomio de Palenque, Chiapas, pero ahora sí estoy convencido de que alguien debería revisar su medicación y suspender el uso del teléfono por lo menos durante la próxima década, antes de que cause un conflicto internacional o provoque una guerra como la de los pasteles -que tanto daño nos hizo. Un dia de estos se le va calentar el hocico y le va exigir a los gringos que nos devuelvan todo el territorio que nos robaron en la invasión de 1847. Mejor hay que seguirle la corriente a los güeros, total, ya todos los mexicanos usan su marcas de vestir, juegan sus videojuegos, admiran a los artistas, deportistas y equipos americanos. O sea, los gringos si pueden vivir sin nosotros, pero nosotros no sobreviviríamos un día sin ellos. Nos mandan entretenimiento, bebidas, comida, estilo de vida, filosofía posmoderna y hasta redes sociales gratuitas para ocupar en algo nuestras atrofiadas neuronas. Capaz que nos cancelan el Facebook, el tik tok o el Instagram y ahora si se va sublevar la generación Z, por lo pronto están idiotizados sin preocuparse de nada.
Ahora bien, si quieren pelear con los gringos, que sea después del mundial, ya saben que nada más cuando somos anfitriones hay quinto partido. No se volverá a repetir en treinta años. Hay prioridades.
@gandhiantipatro






