CULTURA

Ana Sofía González presentó en San Luis Potosí su libro “No Matarás”

Caminé por las calles del centro, con ese aire potosino que a veces cala pero que en esta ocasión se sentía cómplice. Me encaminé a la cita literaria con la certeza de quien busca un expediente mal cerrado. El evento era la presentación de “No matarás”, la obra que ha puesto a Ana Sofía González en el radar de los que buscan algo más que un simple “fiambre” en la página policíaca del diario. La cita fue en la Librería Gandhi de la Avenida Carranza, resguardada por los muros del histórico Edificio Ipña. Es de agradecer que espacios así sigan apostando por promover la cultura y abrir sus puertas a voces tan necesarias, convirtiéndose en un oasis para los que todavía creemos en el peso de las palabras sobre el ruido del asfalto. La asistencia era magra, apenas un puñado de fieles y algún curioso que buscaba refugio del sol. Sin embargo, en el estrado no hubo desánimo. Al contrario, se percibía esa mística del oficio, esa entrega de quien sabe que la literatura no es un concurso de popularidad, sino un acto de resistencia frente a la indiferencia.

 

Ana Sofía González no es una advenediza en estas lides del drama y la tensión. Su carrera como guionista y comunicóloga le ha otorgado un “colmillo” especial para diseccionar la realidad. Sabe dónde poner el dedo en la llaga para que el lector brinque. No escribe con tinta, pareciera que lo hace con bisturí, cortando las capas de la hipocresía social. Acompañándola en la mesa estuvo Nuria Kaiser, cuya presencia fue un acierto absoluto. Kaiser demostró ser una excelente conversadora; su amena interlocución dejó un grato sabor de boca en los presentes, logrando que Ana Sofía se manifestara con una lucidez que desmentía la timidez de la poca concurrencia. Ambas se condujeron con un profesionalismo de “altos vuelos”.

Parecía que estábamos en una reunión de logia, donde se discutían los pecados del mundo.

 

La falta de un auditorio lleno se compensó con una densidad intelectual que se podía cortar con una navaja de muelle. Fue un diálogo de tú a tú, donde la autora desnudó las entrañas de su proceso creativo sin guardarse nada ante los pocos que estuvimos ahí. El auge del neopolicial en la tierra del “no pasa nada”. Hablar de novela negra en México es hablar de un género que ya no pide permiso. Ya no estamos en los tiempos de la novela de detectives a la inglesa, de pipa y lupa. Aquí la realidad es más cabrona, más “perra”, como diría el buen Élmer Mendoza. El auge del género en nuestro país responde a una necesidad de catarsis.

 

La novela negra mexicana, o el neopolicial, se ha convertido en la verdadera crónica social de nuestros tiempos. Autores como Guillermo Arriaga o el mismo Elmer Mendoza han trazado un mapa de la violencia que no aparece en los diarios oficiales. Es una literatura que huele a pólvora, a asfalto caliente y a tequila barato. Sin embargo, “No matarás” marca una línea de cal distinta. Mientras la novela negra acostumbrada se regodea a veces en el rito del sicario o el policía corrupto, Ana Sofía González hace un viraje hacia lo doméstico, hacia el horror que se gesta en la sala de una casa “bien”. La diferencia radica en que aquí el “malo” no es un ente abstracto o un capo de la droga. El conflicto es interno, visceral. Es una novela que cambia el estruendo de la AK-47 por el silencio ensordecedor de una decisión irreversible. Es negra, sí, pero con un matiz psicológico que la vuelve asfixiante.

González se aleja del fetiche de la violencia gráfica para centrarse en la erosión del alma. No busca el aplauso fácil del gore, sino la incomodidad de quien se mira al espejo y no se reconoce. Es una evolución del género que nos urge: menos balazos y más psicología del quiebre.

 

El planteamiento de la novela es, por decir lo menos, una bofetada a la moralina. La trama nos lanza al rostro el caso de Alejandra y la nana Vicky, un binomio que sirve para explorar las jerarquías sociales y los afectos retorcidos. Es aquí donde el concepto de la culpa cobra una dimensión aterradora y profundamente mexicana. En nuestra cultura, la culpa es una herencia, casi un rasgo genético. Somos hijos de un sincretismo que nos enseñó a pedir perdón antes que permiso. En “No matarás”, la culpa no funciona como un freno moral, sino como una condena que se arrastra. Es una sombra que se agiganta con el silencio.

Lo más doloroso y real que plantea Ana Sofía es cómo en México la víctima es la primera en flagelarse. Tenemos una psique colectiva tan dañada que, ante una agresión, el primer pensamiento no es la justicia, sino el “¿qué hice yo para que esto pasara?”. Es el síndrome del “culpable por existir”.

 

Esta inversión de papeles, donde la víctima se siente victimaria, es el eje que hace que la novela sea tan perturbadora. González disecciona cómo la estructura social y religiosa nos ha programado para cargar con el pecado ajeno, especialmente si ese pecado ocurre en defensa propia o en el caos de la supervivencia. Es una reflexión sobre la “culpa de clase” y la “culpa de género”. La autora nos muestra que, en este país, sentirse inocente es un lujo que pocos pueden costear. La psique mexicana retratada aquí es un campo de batalla donde la moral se rinde ante la urgencia de no ser aplastado por el sistema.

 

Entrar al terreno del sistema de justicia en la obra es entrar a una alcantarilla abierta. El libro no ignora la realidad de los ministerios públicos, de los expedientes que se “pierden” y de la justicia que se compra por kilo. Trata el tema de la impunidad no como un evento aislado, sino como el aire que respiramos.

El deficiente sistema de justicia mexicano no es solo una falla administrativa; es una amputación emocional para los ciudadanos. En “No matarás”, se percibe esa desesperanza de saber que acudir a la autoridad es, a menudo, una forma más sofisticada de ser victimizado nuevamente. La impunidad genera un vacío donde solo crece el miedo. Ana Sofía explora cómo esta ausencia de ley formal obliga a los individuos a crear sus propias leyes, sus propios códigos de silencio y sus propias formas de redención, que suelen ser mucho más costosas y sangrientas.

 

La vida de los “humanos mexicanos” —como bien se percibe en la charla de la autora— está marcada por este “valemadrismo” institucional. La justicia en la novela es un fantasma que todos mencionan pero nadie ha visto. Esto repercute en una existencia paranoica, donde el vecino es un peligro potencial y el Estado un espectador cínico. Al final, la reflexión que nos deja González es desoladora pero necesaria: cuando la justicia falla, lo que queda es la ética personal, y esa, en un país en llamas, suele ser la primera en arder. La impunidad no solo deja libres a los culpables, sino que encierra para siempre a los que sobreviven.

 

Salí de la presentación con el libro bajo el brazo y la sensación de haber sido testigo de un acto de honestidad brutal. Ana Sofía González y Nuria Kaiser, a pesar del auditorio semivacío, dieron una cátedra de lo que significa comprometerse con la palabra. No hubo concesiones al aburrimiento ni a la autocomplacencia.

“No matarás” no es solo un título; es un mandato que la realidad mexicana desafía a diario. La autora ha logrado capturar ese “vértigo del abismo” que sentimos al ver las noticias, pero lo ha hecho con una elegancia literaria que solo los que dominan el género negro pueden alcanzar.

Fue un evento de “pocas pulgas” y mucha sustancia. En un mundo de best-sellers de plástico, encontrarse con una voz tan auténtica en San Luis Potosí fue, sin duda, el mejor hallazgo del día. La novela negra en México tiene en Ana Sofía a una guardiana implacable, dispuesta a seguir rascando en la herida hasta que la verdad, por fin, nos haga libres.

 

@gandhiantipatro X

 

 

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