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OPINIÓN

La soga al cuello: La Reforma que Nadie Pidió

Patraña. Declaración insulsa o ridícula que se hace para probar la incredulidad de los tontos. Ambrose Bierce. Diccionario del Diablo.

 

La democracia mexicana asiste hoy a un espectáculo de prestidigitación política digno de las peores carpas de la historia. Se nos quiere vender como un triunfo de la voluntad popular lo que, en el fondo, no es más que un burdo intercambio de favores. El documento que hoy transita por los pasillos legislativos es el resultado de un “comité de notables” cuya única virtud es la obediencia ciega a Palacio. Pablo Gómez, ese viejo lobo de la izquierda radical, encabeza este esfuerzo por desmantelar lo poco que queda de pluralidad en México. No se engañen con el discurso de la austeridad republicana, ese señuelo para incautos que solo busca asfixiar al árbitro electoral. En el futuro, la “economía” en las elecciones se pagará con la moneda de la incertidumbre y el caos operativo total. Será entonces cuando nos digan que el desorden es, en realidad, una nueva forma de libertad participativa y humanista.

 

La presidenta Claudia Sheinbaum ha decidido que su legado no será la concordia, sino la imposición de una visión única y centralista. Recordemos aquel primer aniversario de la Constitución en Querétaro, donde su propuesta anti-nepotismo fue recibida con el bostezo cómplice de sus propios aliados. Aquel evento en el Teatro de la República fue el escenario de una humillación que la doctora no está dispuesta a repetir jamás. Los legisladores del Partido Verde, siempre listos para venderse al mejor postor, fueron los primeros en desdeñar aquella iniciativa moralista. Ahora, la consigna es clara: o se alinean con la reforma electoral o se arriesgan a la extinción política inmediata. Es enternecedor ver cómo los principios se evaporan cuando el presupuesto y las curules están en la mesa de apuestas. Seguramente, en unos años, el nepotismo será visto como una “tradición de servicio familiar” protegida por la ley del más fuerte.

 

El corazón de esta reforma late con la intención de redistribuir los espacios de representación proporcional para beneficio del partido en el poder. Se busca eliminar las listas plurinominales de partido bajo el pretexto de que los representantes deben “sudar la gota gorda” en el territorio. Lo que no dicen es que este sistema pulveriza a las minorías y entrega el Congreso a una sola mano poderosa. México está pasando de ser una democracia en construcción a convertirse en el jardín privado de una sola mujer sin contrapesos. Los ejemplos de Venezuela o Nicaragua son espejos donde este régimen se mira cada mañana con una sonrisa de satisfacción indisimulable. Pronto, el debate parlamentario será sustituido por un monólogo eterno donde la única voz permitida será la de la Jefa Máxima. Y los ciudadanos, supuestamente más politizados, aplaudirán desde las gradas mientras se desmantela el edificio que tanto le costó a la sociedad civil cimentar.

 

Es fascinante observar cómo se ignora deliberadamente la intrusión de capitales oscuros y grupos criminales en el financiamiento de las campañas políticas recientes. La reforma se enfoca en reducir el costo oficial, pero abre las puertas de par en par al financiamiento paralelo que nadie se atreve a fiscalizar. Existen investigaciones en curso que señalan cómo el partido gobernante se ha beneficiado de estas “donaciones” territoriales en los últimos procesos electorales. Sin embargo, el comité de Pablo Gómez prefiere hablar de ahorros en papelería y sueldos de consejeros que de la seguridad nacional. En la prospección de este régimen, el crimen organizado no es un enemigo, sino un gestor social con el que se puede cohabitar armoniosamente. Llegará el día en que las boletas electorales incluyan el sello de aprobación de los señores de la montaña como garantía de paz.

 

Los aliados de la coalición, el PT y el Verde, juegan hoy un papel de víctimas que solo los más ingenuos podrían creer de verdad. Se quejan de la reducción de su financiamiento y de la pérdida de las cuotas legislativas mientras estiran la mano por debajo de la mesa. Es una coreografía ensayada donde el rechazo público es solo el preámbulo de una capitulación negociada a cambio de impunidad. Si la reforma no alcanza la mayoría calificada, la presidenta quedará herida, pero sus operadores ya preparan el chantaje necesario para el 2027. La alianza electoral es el rehén perfecto para obligar a los “abyectos” legisladores a firmar su propia sentencia de muerte política. Al final del día, todos comerán del mismo plato mientras nos aseguran que lo hacen por el bien de la transformación nacional. El resultado será una democracia de cartón, barata de mantener pero imposible de habitar para quienes piensen distinto.

 

El humor en la política mexicana ha pasado de la sátira punzante a la tragedia bufa en apenas un abrir y cerrar de ojos. Uno no puede evitar soltar una carcajada refinada al ver cómo los mismos que incendiaron el país por un “fraude” hoy construyen el sistema más opaco de la historia. Es casi artístico el modo en que transforman la regresión autoritaria en una supuesta vanguardia de los derechos ciudadanos y la transparencia total. Quizás en el futuro se den premios a la “creatividad legislativa” por haber logrado que un país entero camine hacia atrás creyendo que corre hacia el progreso. Pero no perdamos la elegancia, después de todo, estamos presenciando el entierro de la República con los mejores modales y trajes de gala.

 

Me despido imaginando a nuestros próceres del constituyente en Querétaro, suspirando de alivio al ver que sus descendientes han perfeccionado el arte de la simulación política absoluta. Qué delicia debe ser mandar en un país donde la indignación se cura con una beca y la crítica con un buen puesto en la siguiente legislatura. No cabe duda de que México es el lugar donde el surrealismo y el cinismo se casaron para tener hijos con ambiciones de dictador eterno. Brindemos, pues, con un buen vino tinto, mientras vemos cómo la “voluntad del pueblo” se decide en una cena privada con el beneplácito de la jefa. Al final, lo único que quedará será el eco de nuestras propias risas ante la audacia de quienes nos gobiernan con tanta destreza y ruindad.

 

Es casi una obra de arte del transformismo político observar cómo esta “nueva” era se esmera, con una disciplina casi religiosa, en calcar los vicios del pasado que juró sepultar bajo el fango del olvido. No nos engañemos con los eslóganes de vanguardia ni con la pátina de justicia social que barniza cada rueda de prensa, lo que estamos presenciando es el renacimiento de un dinosaurio que simplemente ha decidido cambiar las escamas tricolores por un plumaje guinda más acorde a la temporada. La reforma electoral de la presidenta Sheinbaum no es un salto al futuro, sino un nostálgico viaje en el tiempo hacia esa época dorada donde el conteo de votos era una sugerencia y la oposición una molestia decorativa que se toleraba por pura cortesía internacional. Es verdaderamente exquisito ver cómo los mismos que gritaban “fraude” desde las barricadas, hoy diseñan un sistema de “austeridad” que, convenientemente, deja al árbitro ciego, sordo y sin presupuesto para molestar a los nuevos dueños del dinero y del territorio.

 

En este teatro de sombras, la figura del “Jefe Máximo” ha mutado de los cuarteles de la Revolución a los pasillos de una transformación que se siente más como una restauración monárquica de baja estofa. Andrés Manuel López Obrador no aspira a ser un simple expresidente en el retiro, sino el arquitecto de un Maximato moderno donde su sombra sea el único techo permitido para la voluntad de su sucesora. Si Plutarco Elías Calles movía los hilos desde la retaguardia con mano de hierro, el actual caudillo pretende pasar a la historia como el Gran Titiritero de una nación que, supuestamente politizada, parece encantada de marchar al ritmo de su tambor unipersonal. Qué ironía tan fina y elegante resulta que, tras décadas de lucha por la alternancia, México esté a punto de coronar a un nuevo jefe absoluto que, en su afán de gloria eterna, ha decidido que la democracia es un lujo innecesario cuando se tiene el control total de la tómbola y la fe ciega de los conversos.

 

@gandhiantipatro

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