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San Luis paranormal: El embrujado Mercadito del 16

El antiguo Mercadito del 16, como lo llamaba mi abuela, guarda un sinfín de historias de terror. Mi abuela erra comerciante y todos los días nos llevaba, a mí a mis primos, para que le ayudáramos con sus mercancías. Desde muy temprano, a veces antes de que saliera el sol, ya nos encontrábamos a la puerta del lugar esperando que el vigilante, igual de viejo que el mercado, nos diera la entrada.

Serían apenas las 5:00 de la mañana cuando llegamos al local. Comenzamos a repartir la mercancía y nos dispusimos a iniciar las ventas. Mi abuela nos vigilaba de cerca, le gustaba que todo estuviera en orden y, aunque era muy dura con nosotros, a los clientes les daba la mejor impresión del mundo; su semblante cambiaba y con una enorme sonrisa los atendía de principio a fin.

Pero ese día parecía que el tiempo se había detenido, la luz del sol no llegaba y un gélido viento empezó a soplar. Algunos locatarios corrieron a proteger su mercancía, mi abuela primero protegió a sus nietos, niños de 10 a 13 años que se asustaron con la fuerza de las rafagas. Volaron toldos y lonas, era increíble cómo en cuestión de segundos todo se volvió un caos, sin embargo, eso no fue lo peor.

De la nada aparecieron hombres a caballo, uno de ellos, el primero que vi, estaba lleno de sangre pero empuñaba una pistola. Eran varias decenas de caballos que corrían con jinete encima a toda velocidad. Dos o tres fueron derribados, alguien o algo los tiraba de su montura. Caían al piso y perecían bajo las patas de los animales. Recuerdo bien cómo uno de esos hombre, tras haber caído, se arrastro hasta donde estábamos nosotros y pidió ayuda pero nadie pudo auxiliarlo. Estábamos petrificados.

Tras los caballos pasó una mujer llorando, con el alma desgarrada y gritando el hombre de una persona que ahora no recuerdo. Ese fue el fin de la masacre, de un suceso que nadie comprendió pero que quedó grabado en nuestras mentes con suma claridad. Poco a poco volvió la calma y el sol se apoderó del cielo.

Algunas personas, mucho tiempo después, comentaban que ese mismo lugar había sido sede de un terrible enfrentamiento en donde murieron muchos hombres y que, como castigo y maldición, cada cierto tiempo se repetía el mismo hecho sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo. Existía una especie de condena que debían sufrir todos los involucrados.

Mi abuela murió hace algunos años pero yo he seguido con su negocio. Ya no recordaba ese escalofriante suceso hasta que el día de hoy volvió a suceder…

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